«La pata de mono» (The Monkey’s Paw, 1902) es un cuento de terror de W. W. Jacobs sobre un matrimonio inglés que recibe un talismán capaz de conceder tres deseos y descubre, deseo a deseo, el precio de cada uno. Lo dramatizamos en Sólo el Penitente Pasará con seis voces, narración de Ariadna Giménez y una puerta que no deja de sonar. Es el relato que cierra nuestra trilogía de «manos amputadas que hacen cosas», y el que más miedo le dio a Iñaki de los tres. Del bueno: del que te hace mirar la puerta antes de apagar la luz.
| Relato | La pata de mono (The Monkey’s Paw) |
|---|---|
| Autor | William Wymark Jacobs, W. W. Jacobs (Londres, 1863 – 1943) |
| Publicación original | Harper’s Monthly, septiembre de 1902. Ese mismo año entra en su libro de cuentos The Lady of the Barge |
| Programa | Sólo el Penitente Pasará · tercera entrega de la «trilogía de las manos amputadas» |
| Estreno | 3 de diciembre de 2023 |
| Narración | Ariadna Giménez |
| Reparto | Señor White — Joseba Bajo · Señora White — Ana Vega · Sargento mayor Morris — Iñaki Larruskain · Herbert — Daniel Lanzas · El hombre de la empresa y W. W. Jacobs — Iñaki Tovar |
| Presentan | Iñaki Tovar y Ariadna Giménez |
| Dirección actoral | Ariadna Giménez |
| Montaje y sonido | Iñaki Tovar, en Audiomascope |
| Duración | 38 minutos (el relato empieza en el 8:47 y dura unos 25) |
| Escúchalo en | iVoox · Spotify · YouTube · Apple Podcasts · aquí arriba |
Versión en vídeo
Sinopsis sin destripes
Una noche fría y de viento en Laburnum Villa, una casa de alquiler en el peor camino del peor suburbio. El señor White pierde al ajedrez contra su hijo Herbert, la señora White teje junto a la chimenea y los tres esperan una visita: el sargento mayor Morris, un viejo conocido que se marchó a la India siendo un muchacho y vuelve veintiún años después con la cara roja, mucha sed de whisky y un repertorio de guerras, epidemias y fakires.
Al tercer vaso sale el tema. Morris lleva en el bolsillo una patita de mono momificada a la que un fakir dio un poder: tres hombres pueden pedirle tres deseos cada uno. El propio sargento ya pidió los suyos y prefiere no hablar de ello. Del dueño anterior solo sabe una cosa, y la dice pálido: «No sé cuáles fueron las dos primeras cosas que pidió. La tercera fue la muerte.» Después tira la pata al fuego. El señor White la rescata. Y aquí empieza el problema, porque nadie en esa casa necesita gran cosa, salvo terminar de pagar la hipoteca.
Sobre W. W. Jacobs, el humorista que escribió una pesadilla
William Wymark Jacobs nació el 8 de septiembre de 1863 en Mile End Old Town, en el East End de Londres, hijo del encargado de un muelle junto a los St Katharine Docks. Creció entre barcazas, estibadores y marineros, y ese mundo del Támesis acabó siendo su gran tema. Trabajó como oficinista en la Caja Postal de Ahorros desde 1879 hasta 1899, cuando sus cuentos ya le daban para vivir. Publicó su primer relato en 1885 y su fama llegó con Many Cargoes, una colección de historias cómicas de marinos y gente de puerto. Esa era su especialidad: el humor. Lo macabro fue la excepción, y la excepción se lo comió todo.
En el programa no se lo contamos nosotros: se lo contó él. Iñaki lo invocó 2:57 con «un poquito de ayahuasca del amigo Joseba» y le puso voz a un Jacobs de ultratumba, desconcertado por el humo, que presume de haber rechazado una vez 50 libras por seis cuentos (es verdad: a Arnold Bennett le pareció asombroso), que se queja de que la dichosa pata le persigue «hasta en la sátira de esos amarillos habitantes de Springfield» y que habría preferido que lo recordaran por sus relatos marinos. Se casó en 1900 con Agnes Eleanor Williams, que acabaría siendo una sufragista destacada, vivió en Loughton (Essex) y murió en Londres el 1 de septiembre de 1943.
Resumen completo y final explicado
⚠️ Destripe: aquí se cuentan los tres deseos y el final. Si aún no lo has escuchado, dale al play y vuelve luego. Y si llaman a la puerta mientras tanto, no abras.
Esa misma noche, medio en broma, Herbert le sugiere a su padre que pida lo justo para saldar la hipoteca: doscientas libras. El señor White formula el deseo y suelta la pata de golpe, porque jura que se le ha retorcido en la mano como una víbora. El dinero no aparece. A la mañana siguiente, con luz de invierno, todo parece una tontería de viejo militar, y Herbert se va a trabajar a la fábrica de Maw and Meggins bromeando con que no se gasten la fortuna antes de que vuelva.
No vuelve. Por la tarde llega un hombre bien vestido que ronda la casa tres veces antes de atreverse a llamar. Herbert ha muerto atrapado por la maquinaria. La empresa no reconoce ninguna responsabilidad, pero, «en consideración a los servicios prestados», ofrece una compensación. El señor White pregunta cuánto. Doscientas libras.
Lo entierran en el cementerio nuevo, a dos millas de casa. Una semana después, de madrugada, la señora White cae en la cuenta: aún les quedan dos deseos. Obliga a su marido a bajar a oscuras a por el talismán y a pedir que su hijo viva de nuevo. Él obedece aterrado, porque sabe algo que ella no: a Herbert solo lo reconoció por la ropa, y lleva diez días muerto. No pasa nada. Se acuestan. Y entonces, de madrugada, alguien empieza a llamar a la puerta.
La madre baja corriendo gritando el nombre de su hijo, pelea con la tranca, no llega al cerrojo de arriba y arrastra una silla hasta la puerta. El padre, de rodillas en la oscuridad, busca la pata por el suelo. La encuentra en el último segundo y pide el tercer deseo: que su hijo vuelva a estar muerto. Los golpes cesan. La puerta se abre a un viento helado, la mujer suelta un alarido y el padre sale corriendo hasta el portón. El camino está desierto.
Los tres deseos de la pata de mono
- Primer deseo: doscientas libras. Se cumple con la indemnización por la muerte de Herbert. Exactamente la cifra pedida, ni un penique más.
- Segundo deseo: que Herbert viva de nuevo. Lo pide el padre, forzado por la madre. La respuesta llega horas después, en forma de golpes en la puerta.
- Tercer deseo: que Herbert vuelva a estar muerto. Jacobs ni siquiera lo escribe: solo cuenta que el padre lo balbucea, y deja que lo adivines por lo que pasa después. En nuestra versión, Joseba Bajo lo dice en voz alta 33:19. Los golpes se detienen al instante.
¿Quién llama a la puerta?
Jacobs no lo dice, y ahí está el truco. La lectura más extendida es que el segundo deseo se cumplió a la letra: Herbert volvió a la vida tal y como estaba, destrozado por las máquinas y con diez días de tumba, caminando dos millas hasta casa. El padre lo entiende, la madre no quiere entenderlo, y el tercer deseo devuelve al muerto a su sitio un segundo antes de que se abra la puerta. Por eso el camino está vacío.
Pero el cuento deja abierta una segunda puerta, y uno de nuestros penitentes la empujó en los comentarios: en ningún momento se ve magia. El sargento ya avisó de que la pata trabaja de forma tan natural que todo parece casualidad. La muerte de Herbert pudo ser un accidente y las doscientas libras, una tarifa de empresa. Los golpes pudieron ser cualquier cosa. Jacobs nunca abandona el realismo y deja que el lector ponga el monstruo. Y el lector, que es como es, siempre pone un zombi.
Claves del relato
- La moraleja: cuidado con lo que deseas. El fakir creó la pata para demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que quien intenta torcerlo lo paga. Ninguno de los White pide nada monstruoso. Piden saldar una hipoteca y recuperar a un hijo. Es su modestia lo que hace el castigo tan cruel.
- El terror que no se ve. Jacobs no describe nunca lo que hay al otro lado de la puerta. Solo golpes, una tranca, una silla y un viento helado. Es la lección que luego aprendió medio cine de terror: el monstruo más eficaz es el que pones tú.
- Un cuento costumbrista que se pudre. Empieza como una escena doméstica casi cómica: un padre que pierde al ajedrez, se queja del barro del camino y finge que no le molesta perder. Es el oficio del Jacobs humorista puesto al servicio del espanto. Cuanto más normal la casa, más duele lo que entra en ella.
- La revolución industrial también mata. A Herbert no lo mata un demonio, lo mata una máquina, y la empresa paga y se lava las manos con una cifra redonda. El horror sobrenatural se apoya en otro muy terrenal.
- Una regla de tres de cuento popular. Tres deseos, tres dueños posibles, tres golpes furtivos antes del golpe que retumba en toda la casa. Jacobs toma la estructura de los cuentos de hadas y de Las mil y una noches, que la propia familia cita en broma, y la vuelve contra quienes se ríen de ella.
La pata de mono en la cultura popular
Pocos cuentos de 1902 han tenido tanta descendencia. En 1903 ya se representaba como obra de un acto en el Haymarket de Londres, y el cine lo adaptó varias veces solo en la primera mitad del siglo XX (en 1923, 1933 y 1948, entre otras versiones). Estas son las que más salen en las búsquedas y en nuestros comentarios:
- Los Simpson. El especial de Halloween Treehouse of Horror II (1991) incluye un segmento en el que la familia consigue una pata de mono maldita y cada deseo sale torcido. Es la versión que conoce media España, y la que el propio Jacobs de nuestro programa lleva fatal.
- Historias para no dormir. Narciso Ibáñez Serrador la adaptó para TVE en el episodio «La zarpa», de la segunda temporada de la serie (1967-1968). Dos penitentes la recordaron en los comentarios.
- Cementerio de animales, de Stephen King. La novela de 1983 cita el cuento de Jacobs, y su premisa (devolver a la vida a quien no debe volver) es la de «La pata de mono» llevada al extremo. Lo señaló un oyente en iVoox y le dimos la razón: King tuvo muy presente esta historia.
- Cine de terror. Deathdream (Bob Clark, 1972) la convierte en una alegoría de la guerra de Vietnam. Y la pata sigue apareciendo cada vez que un guion necesita un deseo envenenado.
Lo que dijimos en el programa
«La pata de mono» cierra una trilogía que salió sin querer. 1:38 Primero llegó «La mano», de Guy de Maupassant, luego «Asedio a la casa roja», de Sheridan Le Fanu, y con esta tercera quedó bautizada como «la trilogía de las manos amputadas que hacen cosas». El relato no lo elegimos nosotros: 2:15 lo propuso Víctor Montolí, autor invitado del programa, en uno de sus comentarios en iVoox. Recomendaciones así son las que acaban en el estudio.
Iñaki lo dejó claro desde el principio 2:34: de los tres, es su favorito y el que más le ha desconcertado, con «miedo visceral y también derrumbe emocional». En el comentario final 35:14 lo resumió como una historia amable que se convierte en «un dramón familiar y finalmente en una pesadilla sobrenatural», y confesó lo que todos pensamos: que estábamos visualizando «una especie de zombie destrozadísimo» aporreando la puerta con los muñones. También admitió que no había leído el original, aunque lo tenía en la cabeza por el especial de Halloween de Los Simpson y por la mano amputada de Harry Potter (una oyente le corrigió después: esa es la Mano de la Gloria, y solo alumbra a quien la sostiene).
Y lanzó la pregunta que este cuento le hace a cualquiera 36:07: ¿qué habrías pedido tú con el segundo deseo? Su respuesta: volver en el tiempo al instante en que el sargento tira la pata al fuego, y dejarla arder.
Lo que dicen los penitentes
23 comentarios del público (18 en iVoox, 4 en YouTube y 1 en Spotify) y más de 9.000 escuchas entre las tres plataformas. Elogios para el reparto y, sobre todo, para la narradora; recuerdos de quien lo vio de joven en televisión, y un debate que da para tertulia. Muchos recogieron el guante del segundo deseo: «Tierra, tragame», respondió Pedro Galiana; victor pediría «que todo habiera sido una pesadilla»; Hoderuss se lo consultaría a ChatGPT «y que me dé un promt que no tenga consecuencias», y Gus apuntó que el segundo deseo recuerda a Cementerio de animales. Víctor Montolí, padrino del episodio, aprovechó para recomendar «Caballería», de Neil Gaiman, y Ariadna le recordó que adaptar a Gaiman exige soltar billetes. El equipo contestó a buena parte de ellos.
«Es un cuento perfecto en su construcción literaria […] para finalizar con un terror y suspense únicos!!!»
Víctor Montolí Bernadas · iVoox
«Si lo piensas, ni el autor ni el narrador dicen en ningún momento que ninguno de los deseos se haya cumplido.»
Losange Sable · iVoox
«Madre mía Ariadna! Eres una máquina narrando. Una de las versiones que más me han gustado.»
Marta · iVoox
«Recuerdo d joven verlo en TV dirigido x el gran Ibañez Serrador. Inolvidable.»
@encarnagonzalez0 · YouTube
Transcripción de la introducción y del comentario
Leer la transcripción: introducción, W. W. Jacobs en persona y comentario final
Iñaki Tovar 1:27: Bien, hoy tenemos un episodio muy especial, porque viene a completar una trilogía que sin querer hemos construido en Sólo el Penitente Pasará. La hemos bautizado como la trilogía de las manos amputadas que hacen cosas. Anteriormente en este podcast sabéis que trajimos en primer lugar el relato titulado «La mano», de Guy de Maupassant, y hace pocas semanas trajimos también «Asedio a la casa roja», de Joseph Sheridan Le Fanu. Ambos relatos con manos amputadas de protagonistas que hacían cosas. Cosas maquiavélicas, terroríficas, oscuras, desconcertantes.
Y hoy, justamente, vamos a cerrar esa trilogía con un relato que viene recomendado por uno de nuestros autores invitados, Víctor Montolí, que en uno de sus comentarios hablaba sobre el relato que os traemos hoy, titulado «La pata de mono», de W. W. Jacobs. Y ojo a este relato, porque de los tres os he de confesar que es mi favorito, y es el que más me ha desconcertado y más miedo me ha dado. Pero miedo visceral, y también derrumbe emocional. Y más viniendo del autor que viene, del cual ahora vais a conocer unas poquitas cosas sobre su biografía. Además, os las va a contar él mismo, porque sí, una vez más he traído un poquito de ayahuasca del amigo Joseba y estoy ahora mismo invocando aquí el ritual que me va a permitir traer de vuelta a la vida a W. W. Jacobs, para que sea él mismo el que nos cuente de dónde viene su pasión por la escritura, un poco de detalles sobre su vida y un poco de su opinión sobre este relato, entre comillas, maldito, que le ha perseguido hasta el final. Así que, sin más, bienvenido, W. W. Jacobs, a Sólo el Penitente Pasará.
W. W. Jacobs (voz de Iñaki Tovar) 4:10: Este humo, este olor… ¿qué será? […] En fin, mi nombre es William Wymark Jacobs, «www.jacobs.com» para los amigos. Nací en el brumoso Mile End Old Town de Londres en 1863, hijo de un administrador de muelle. Crecí entre el ajetreo del Támesis, donde las aguas tempestuosas y los personajes de los muelles probablemente sembraron las semillas de mi futuro en las letras. Por años me desempeñé como oficinista en el correo, una vida marcada por la rutina, hasta que la escritura me ofreció una vía de escape. En 1885 publiqué mi primer cuento, aunque la fama fue esquiva al principio. Pero, ¿sabes? Una vez rechacé 50 libras por seis cuentos. Ya me encontraba yo cómodo en mi esfera literaria para entonces.
«La pata de mono», esa macabra narración que me persigue hasta en la sátira de esos amarillos habitantes de Springfield, es solo una gota en el océano de mi obra. Preferiría hacer reír con relatos marinos que reflejaban la vida de hombres que se aventuraban en barcos de tonelaje moderado. Y aun así, es la dichosa pata la que se aferra a la cultura popular, con sus tres deseos que, admitámoslo, han tentado a más de un incauto.
Me casé con Agnes Eleanor Williams, una mujer de espíritu indomable que más tarde se destacaría como sufragista, y junto a ella crie a nuestros hijos en Essex. […] Al final, la vida me tomó de la mano gentilmente, dejándome partir en la tranquilidad de mi hogar en 1943, con la misma discreción con la que viví. Y he aquí, entre sombras y espectros y este humo raro que todavía no sé a qué huele, me despido, no sin antes confesar que, aunque mis creaciones han viajado desde el papel hasta los cines y más allá, siempre he mantenido un pie en la realidad y otro en las enigmáticas profundidades de la imaginación humana.
Iñaki Tovar 7:38: Pues muchísimas gracias por esta breve presentación, William. Disculpa por este humo, que no sé de dónde se ha colado. Y vamos ya, sin más dilación, a escuchar esta historia que, aunque no tenga nada que ver con la comedia, ese género que tanto te gustaba, sin duda es la historia por la que siempre te recordaremos y con la que tanta influencia has creado a lo largo de los años en multitud de obras frikulturales. Vamos ya, queridos penitentes, a escuchar todos juntos, con las luces apagadas y con el Audiomascope a tope, este relato de William Wymark Jacobs titulado «La pata de mono».
[…]Iñaki Tovar 34:19: Acabas de escuchar «La pata de mono», de W. W. Jacobs. Interpretando al señor White, Joseba Bajo; a la señora White, Ana Vega; Iñaki Larruskain como el sargento; a Herbert, Dani Lanzas; la maravillosa narradora, a cargo de Ariadna Giménez, y poniendo voz al bueno de Jacobs y a algunas voces, como la del hombre de la empresa, un servidor, Iñaki Tovar, que también se ha encargado de sonorizar y ambientar en Audiomascope este relato para ti.
¿Qué te ha parecido? Lo que parecía una amable historia pronto se torna en un dramón familiar y finalmente en una pesadilla sobrenatural. Porque vamos, no me digáis que no estabais todos visualizando una especie de zombie destrozadísimo aporreando con sus muñones sangrientos la puerta del pobre matrimonio White. Madre mía, qué dramón. Madre mía, qué historia tan oscura detrás de algo en apariencia tan sencillo como pedir tres deseos.
Os confieso que yo no conocía la historia original. O sea, la conocía, me sonaba lo de la pata de mono. Creo que lo he llegado a ver incluso en alguna película. En Harry Potter sale algo parecido, con una mano amputada también. Y, por supuesto, el famoso episodio de Los Simpson, ¿verdad? En un especial de Halloween donde esa pata de mono también acaba pervirtiendo todos los deseos.
En fin, yo no dejo de preguntarme cuál podría haber sido mi segundo deseo si veo que el primero ha salido mal. Yo quizás hubiese pedido retroceder en el tiempo. Se lo hubiese pedido a la pata de mono: «Quiero volver en el tiempo exactamente al punto en que el sargento tira la pata de mono al fuego». Y entonces ahí la hubiese dejado arder. Oye, pero me interesa mucho saber qué hubieses hecho tú con el segundo deseo después de ver cómo se ha torcido el primero tan dramáticamente. Por favor, déjalo en los comentarios, que nos interesa mucho saberlo. Y bueno, igualmente vas a encontrar los enlaces a los otros dos relatos de manos amputadas que hacen cosas, así que si no los habías escuchado, hoy es un día maravilloso para hacerte esta trilogía con nosotros. […]
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «La pata de mono»?
Un sargento que vuelve de la India deja en casa de la familia White una pata de mono momificada que concede tres deseos. El padre pide doscientas libras y las recibe como indemnización por la muerte de su hijo en un accidente laboral; los otros dos deseos convierten el duelo en pesadilla. Puedes escucharlo dramatizado en el reproductor de esta página, gratis, en el podcast Sólo el Penitente Pasará.
¿Quién escribió «La pata de mono» y cuándo se publicó?
El escritor británico W. W. Jacobs (1863-1943). Se publicó en la revista Harper’s Monthly en septiembre de 1902 y ese mismo año se recogió en su libro The Lady of the Barge.
¿Cuáles son los tres deseos de «La pata de mono»?
Primero, doscientas libras para pagar la hipoteca, que llegan como compensación por la muerte de Herbert. Segundo, que Herbert vuelva a la vida. Tercero, que Herbert vuelva a estar muerto, pedido justo cuando la madre está abriendo la puerta.
¿Quién llama a la puerta al final de «La pata de mono»?
Jacobs no lo muestra. La interpretación habitual es que es Herbert resucitado, en el estado en que lo dejaron las máquinas y diez días de tumba, y que el tercer deseo lo devuelve a la muerte antes de que la puerta se abra. El cuento también admite una lectura realista en la que todo son coincidencias.
¿Cuál es la moraleja de «La pata de mono»?
Que no se puede torcer el destino sin pagar el precio: ten cuidado con lo que deseas, porque puede cumplirse de la peor manera. El propio talismán fue creado, según el cuento, para demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres.
Sigue escuchando
- La mano, de Guy de Maupassant: la primera entrega de la trilogía. Una mano disecada con muy mal perder.
- Asedio a la casa roja, de Sheridan Le Fanu: la segunda entrega. Otra mano amputada con demasiada iniciativa.
- La ventana tapiada, de Ambrose Bierce: otro marido, otra noche a oscuras y otro final que no se cura con tila.
- El hombre del traje negro, de Stephen King: el heredero más famoso de Jacobs, que le debe más de una pesadilla, con un paseo de pesca junto a un arroyo que no se olvida.
¿Y tú qué habrías pedido con el segundo deseo? Déjalo en los comentarios: los leemos todos y alguno acaba en el programa. Si quieres que el teatro siga abierto y gratis, puedes invitarnos a un café o asomarte a nuestro Telegram, donde hay micropodcasts que solo salen allí. Sólo el penitente pasará.





