«El guardavías» (The Signal-Man, 1866) es un cuento de fantasmas de Charles Dickens sobre un señalero que trabaja solo en una trinchera ferroviaria, junto a la boca de un túnel, y que ve a un espectro que le avisa de desgracias que aún no han pasado. Lo dramatizamos en el episodio 10 de Sólo el Penitente Pasará con Joseba Bajo como el viajero que baja a la casilla e Iñaki Tovar como el guardavías atormentado, precedido por una biografía de Dickens a cargo de Ariadna Giménez que te va a cambiar la idea que tenías del señor de Cuento de Navidad. Aviso para penitentes: el final no se entiende a la primera. Ni a la segunda. Iñaki necesitó cuatro lecturas.
| Relato | El guardavías (The Signal-Man, también No. 1 Branch Line: The Signal-Man) |
|---|---|
| Autor | Charles Dickens (1812 – 1870) |
| Publicación original | Mugby Junction, número extraordinario de Navidad de la revista All the Year Round, 12 de diciembre de 1866 |
| Programa | Sólo el Penitente Pasará · temporada 1, episodio 10 (SPP 1×10) |
| Estreno | 26 de marzo de 2023 |
| Reparto | Joseba Bajo (el narrador, el viajero) · Iñaki Tovar (el guardavías) · Ariadna Giménez e Iñaki Larruskain (trabajadores de la vía) |
| Presentan | Iñaki Tovar y Ariadna Giménez, que firma la biografía de Dickens con la colaboración de Joseba Bajo |
| Montaje y sonido | Iñaki Tovar |
| Duración | 50 minutos (el relato empieza en el 23:02 y dura unos 22) |
| Escúchalo en | iVoox · YouTube · aquí arriba |
Versión en vídeo
Sinopsis sin destripes
Un caminante se asoma a una trinchera ferroviaria desde lo alto de un terraplén y grita hacia abajo: «¡Hola! ¡El de abajo!». El guardavías que vigila la vía no levanta la vista hacia él: mira al túnel. Cuando por fin el visitante baja por un sendero en zigzag, se encuentra con un hombre pálido, de cejas espesas y barba oscura, que lo recibe entre los rieles como quien espera a un fantasma, y que le confiesa que cree haberlo visto antes. Allí, junto a la luz roja de la boca del túnel.
El puesto es el lugar más desolado que el viajero ha visto en su vida: paredes de piedra húmeda, una franja estrecha de cielo, un túnel negro y una casilla con un fuego, un telégrafo y una campanilla eléctrica. El guardavías es un hombre inteligente, cumplidor, exacto, que estudió filosofía de joven y dejó que la vida se le escurriera. Y está aterrorizado por algo que no se atreve a contar en la primera visita. Lo contará en la segunda, a las once de la noche, junto al fuego, con el viento silbando en los cables del telégrafo.
Sobre Charles Dickens, el autor justiciero
Ariadna le dedicó al autor casi veinte minutos de biografía, y con razón: Dickens es mucho más que el señor de los huerfanitos. Nació el 7 de febrero de 1812 en Portsmouth, segundo de ocho hijos de un padre manirroto que acabó en la cárcel por deudas en 1824. Con doce años, Charles tuvo que dejar la escuela y ponerse a pegar etiquetas en una fábrica de betún, y sus padres lo mantuvieron allí incluso cuando una herencia los sacó del apuro. Eso no se perdona, y Dickens no lo perdonó: la explotación infantil y la miseria de la revolución industrial atraviesan Oliver Twist, David Copperfield y casi todo lo que escribió después.
Lo demás es historia conocida: pasante en un bufete a los quince, periodista, primera novela por entregas con Los papeles póstumos del Club Pickwick (1836) y éxito inmediato; boda ese mismo año con Catherine Hogarth, diez hijos, numerosas infidelidades y una separación escandalosa en 1858 para irse con la actriz Ellen Ternan; Cuento de Navidad en 1843, Grandes esperanzas, Nuestro amigo común; y El misterio de Edwin Drood, que dejó a medias al morir en junio de 1870. Desde estos micrófonos robóticos lo declaramos oficialmente «autor justiciero»: defendió la abolición de la esclavitud y de la pena de muerte y fue uno de los padres de la novela social. Que además fuese, en palabras de Ariadna, «un poquito picaflor», es otro asunto.
Y hay un dato que la biografía del programa no cuenta y que explica mucho de este relato. El 9 de junio de 1865, un año antes de escribir «El guardavías», Dickens viajaba en el tren de Folkestone a Londres con Ellen Ternan y la madre de esta cuando el convoy descarriló en un puente en obras cerca de Staplehurst, en Kent. Murieron diez personas y hubo unos cuarenta heridos. Su vagón de primera quedó colgando del puente; él salió por la ventanilla, atendió a heridos y moribundos y volvió a trepar al vagón para rescatar el manuscrito de Nuestro amigo común que llevaba encima. Se las arregló para no declarar en la investigación oficial, porque explicar con quién viajaba habría sido otro descarrilamiento. Durante el resto de su vida le quedó el pánico a los trenes, y murió el 9 de junio de 1870, cinco años exactos después del accidente. Si eso no es un cuento de Dickens, que baje Scrooge y lo vea.
Resumen completo y final explicado
⚠️ Destripe: aquí se cuenta el final y se intenta explicar. Si no lo has escuchado, dale al play, baja por el sendero en zigzag y vuelve luego.
En la segunda visita, el guardavías confiesa lo que le atormenta. Hace un año, una noche de luna, oyó una voz que gritaba «¡Hola, el de abajo!» y vio junto a la luz roja del túnel a alguien que se tapaba la cara con el brazo izquierdo y agitaba el derecho con desesperación, gritando «¡Cuidado, despeje el camino!». Corrió hacia él y la figura se desvaneció. Telegrafió a las dos estaciones: todo en orden. Seis horas después, un terrible accidente en esa misma línea; los muertos y heridos fueron sacados por el túnel, justo por donde había aparecido el espectro.
Seis o siete meses más tarde, el espectro volvió, esta vez en silencio, con las dos manos sobre la cara, en actitud de duelo, como las estatuas de las tumbas. Ese mismo día, al salir un tren del túnel, el guardavías vio por una ventanilla una confusión de cabezas y manos agitándose. Una joven había muerto de repente en un compartimento y la tendieron en el suelo de la casilla, justo donde ahora están sentados los dos hombres. El viajero retira la silla.
Y ahora, hace una semana, el espectro ha vuelto por tercera vez. Aparece una y otra vez junto a la luz roja, con el gesto de alarma, y toca la campanilla de la casilla con un tañido que solo oye el guardavías: el visitante estaba delante y no la oyó sonar. ¿Qué peligro anuncia? ¿Qué puede hacer un hombre que no tiene nada concreto que telegrafiar? El narrador lo tranquiliza como puede, se despide a las dos de la madrugada y decide buscarle un médico al día siguiente.
Al atardecer siguiente, al llegar al terraplén, el narrador se queda helado: en la boca del túnel hay un hombre que se tapa la cara con el brazo izquierdo y agita el derecho. Pero es un hombre de carne y hueso, haciendo señales a otros que rodean una camilla de lona. El guardavías ha muerto, arrollado por una locomotora al salir del túnel. Estaba de espaldas a la máquina, con el farol encendido en la mano, y no se apartó. Tom, el maquinista, cuenta que le gritó con todas sus fuerzas: «¡Cuidado, el de abajo! ¡Por amor de Dios, despeje el camino!», que se tapó los ojos con un brazo para no ver y agitó el otro hasta el último momento.
Y Dickens cierra con la coincidencia que lo cambia todo: el aviso del maquinista incluía no solo las palabras que el guardavías atribuía al espectro, sino las que el propio narrador usó la primera vez («¡Hola, el de abajo!»), y el mismo gesto que el guardavías imitaba al contar la historia.
¿Qué significa? La lectura más limpia: el espectro no anunciaba un accidente ajeno, sino la muerte del propio guardavías, y lo que él veía junto a la luz roja era la imagen anticipada de su maquinista gritándole y tapándose los ojos. Por eso la primera vez que el narrador le gritó desde arriba, él miró al túnel y no al terraplén: la voz y las palabras eran las del fantasma. Por eso creyó haberlo visto antes «allí», en la luz roja. Y por eso el relato resulta tan cruel: el aviso sirvió para todo menos para salvarlo. Quizá bajó a la vía porque el espectro le llamaba y lo dio por una alucinación más; quizá se quedó paralizado de terror; quizá, como apuntaba una oyente, decidió acabar de una vez con su tormento. Dickens no lo dice, y ahí está la gracia.
Claves del relato
- El narrador es parte del mecanismo. No es un testigo neutral: es él quien grita «¡Hola, el de abajo!» y quien, sin saberlo, repite las palabras del espectro. Dickens lo convierte en la primera pieza de la profecía, y de paso te deja la duda de si el visitante racional no es también un eslabón del destino que pretende curar con un médico.
- Un fantasma que no sirve para nada. El espectro avisa tres veces y las tres son inútiles: nadie puede telegrafiar «peligro» sin saber dónde ni cuándo. Es el terror del hombre moderno, inteligente y cumplidor, que lo ve venir y no puede hacer nada. En 1866 eso tenía nombre: ferrocarril.
- El tren como monstruo. Dickens escribe esto un año después de sobrevivir al descarrilamiento de Staplehurst, y se nota: la vibración de la tierra, el vapor, el túnel «más sombrío aún», la campanilla que suena sola. La luz roja de la boca del túnel es el ojo del monstruo. Y el gran accidente de la primera visión recuerda al choque dentro del túnel de Clayton en 1861, el peor de la historia británica hasta entonces, que la crítica suele señalar como posible inspiración.
- Un condenado con cabeza. El guardavías estudió filosofía, se expresa con palabras «muy bien empleadas», hace su trabajo con exactitud. No es el campesino supersticioso del cuento gótico: es alguien que razona perfectamente sobre su propio horror, y eso lo hace mucho más creíble y mucho más desesperante.
- Doppelgänger, premonición o multiverso. Iñaki lo lee en clave de premoniciones cruzadas; Ayala, desde iVoox, propuso al doble fantasmal, muy del gusto de la literatura fantástica de la época. Las dos caben. El cuento está construido para que vuelvas a escucharlo desde el principio con la solución en la mano, y descubras que todas las pistas estaban en el primer minuto.
Lo que dijimos en el programa
Iñaki abrió el episodio 1:24 con la lista de la compra: «un tren, un túnel maldito, un espectro, una premonición, un guardavías y su oscuro destino», y con una advertencia que conviene tomarse en serio: muy atentos a los detalles desde el primer minuto, porque todo lo que esconde el túnel está ahí desde el principio. Confesó también que él ha sido el primero en sorprenderse de lo que era capaz Dickens más allá de sus «blockbusters» como Cuento de Navidad u Oliver Twist: resulta que el hombre era también un maestro de las atmósferas angustiosas y sobrenaturales. Las nuestras.
La biografía de Ariadna 4:09 es un pequeño sketch en sí misma. Empieza avisando de que esta vez no toca «señor raro que escribía bien», ni depresivo, ni paranoico, ni sifilítico, sino «un señor guay, un buen hombre», y una segunda voz la interrumpe una y otra vez con frases atribuidas a Dickens sobre la desigualdad y la esclavitud mientras ella intenta calmar a unos penitentes que, según ella, solo quieren «sangre, violencia, terror, cosas oscuras y de corte un poquito friki». El nombre del autor no se revela hasta el 8:58. De ahí en adelante: la fábrica de betún, el padre en «el talego», los diez hijos, el salseo con la actriz y el remate 22:36: «rendimos homenaje a Charles Dickens con su relato El guardavías, con las voces de Joseba Bajo, Iñaki Tovar, Iñaki Larruskain y una servidora. Les deseamos con la mano en el pecho que ustedes lo pasen mal».
Al terminar el relato 46:03, Iñaki reconoció que el final descoloca «absolutamente» y que tuvo que leerse el cuento «como tres o cuatro veces para pillar todos los detalles». Prefirió no desvelar sus conclusiones, que «además de mezclar premoniciones y multiversos pueden ser un poco disparatadas», y lanzó la pregunta a los penitentes: ¿qué pasa exactamente en este relato? También aprovechó 47:03 para disculparse por los problemas de descarga que tuvo iVoox con el episodio anterior, y para anunciar que el domingo siguiente llegaría «Enclave de Vult», la retrospectiva de nuestra serie heavy metal en formato videopodcast.
Lo que dicen los penitentes
Seis comentarios de oyentes en iVoox (más una contestación de la propia Ariadna) y el tono general es de rendición: dramatización «soberbia», interpretación «muy buena», biografía que «lo habéis clavado» y comparaciones con las antiguas dramatizaciones de RNE. Ayala se tomó en serio el reto de Iñaki y propuso su propia teoría del final. Y hubo una voz discordante, Ribbentrop, a quien el cuarto de hora de presentación previa se le hizo largo. Honestidad ante todo: aquí la biografía es la mitad del programa.
«Llegué a pensar en un “Doppelganger” más ad hoc con el género de lo fantástico y muy recurrente en la literatura de esta época.»
ayala · iVoox
«Me habéis recordado a esas antiguas dramatizaciones de RNE que tan buenos recuerdos me traen a la memoria.»
Gus · iVoox
«Me encanta Dickens (que era a la vez «justiciero» y un «poquito picaflor») y cómo explica su biografía Ariadna!!!»
Víctor Montolí · iVoox
«Un cuarto de hora y el relato aún no ha comenzado. No es para mí este formato.»
Ribbentrop · iVoox
Transcripción de la introducción, la biografía y el comentario
Leer la transcripción: introducción, biografía de Dickens y comentario final
Iñaki Tovar 1:24: ¿Qué te traemos hoy? Un tren, un túnel maldito, un espectro, una premonición, un guardavías y su oscuro destino. Esta es nuestra propuesta para hoy, un típico cuento de fantasmas que incluye misteriosas confesiones al calor de una hoguera y un desenlace que te va a costar digerir. Además, hoy Ariadna Giménez nos brinda una espectacular inmersión en la vida del autor en la que ha colaborado nuestro queridísimo Joseba Bajo. Pocas veces habrás conocido tan íntimamente la figura de Charles Dickens. Una figura que conocemos por sus blockbusters como Cuento de Navidad u Oliver Twist, pero yo he sido el primero en sorprenderme de todo lo que era capaz este hombre, tanto a nivel intelectual como narrativo. Y sí, como estás a punto de comprobar, también era un maestro a la hora de crear atmósferas angustiosas y sobrenaturales. Nuestras preferidas. […] Muy atento, muy atenta a todos los detalles desde el primer minuto de este relato, si es que quieres desentrañar todo lo que esconde el túnel que custodia el guardavías de Charles Dickens. Comenzamos.
Ariadna Giménez 4:09: Hola, muy buenas. ¿Qué tal están? ¿Bien? Pues mira qué suerte, nosotros que nos alegramos. A estas alturas ya he sabido por todos ustedes que gustamos de ofrecerles biografías de grandes figuras de la ciencia ficción, el terror y la fantasía. A menudo les invitamos a conocer autores de personalidad rancia y complicada. Señores raros que escribían bien, pero que a veces, al ahondar en sus vidas, descubríamos a hombres depresivos, paranoicos, antisociales, traumatizados, algunos incluso sifilíticos. […] Hoy también les traemos un relato de misterio y tensión, escrito por un autor que, al igual que cualquier alma humana, fue marcado de forma inexorable por el sino de su tiempo. Lo que pasa es que algunas personas saben contar lo que ven con arte, y por eso se hacen escritores.
Voz: La verdadera prueba de la civilización de una sociedad no es el número de millonarios que tiene, sino cómo trata a sus miembros más pobres y vulnerables.
Ariadna Giménez: Bueno, bueno, bueno, ya sabemos que a ustedes no les van los rollos sociales, que lo que quieren ustedes es sangre, violencia, terror, cosas oscuras y de corte un poquito friki. […] Vamos, no sean desagradecidos, que estamos haciendo esto sin cobrar. […] Les rogamos que nos permitan tomarnos la licencia de dedicar el capítulo de esta semana a un señor guay, a un buen hombre. Un escritor que, cuando en su época las tiradas editoriales eran de 400 o 500 copias, él conseguía vender más de 100.000 ejemplares de una sola de sus obras. […] No era un loser ni tampoco un tío gris totalmente amargado. Pero les aseguro que les va a gustar. […] Habíamos pensado que, con la que está cayendo ahí fuera, quizás les apetecía escuchar un relato de… 8:58 Charles Dickens. Lo ven, estaba intentando decirles que les iba a molar.
A lo largo y ancho de su obra, Charles Dickens abordó temas sociales y políticos, así como las condiciones de vida de la clase trabajadora de la época. A través de sus novelas y relatos denunció las injusticias y la desigualdad, y fue un defensor activo de la reforma social y de los derechos de los trabajadores. Desde estos micrófonos robóticos confesamos abiertamente que consideramos que Charles Dickens constituye un auténtico ejemplo de autor justiciero. Abogó por la abolición de la esclavitud y también por la abolición de la pena de muerte. Fue, si no el primero, uno de los creadores de la novela social. […] Antes de seguir contándoles la vida de Charles Dickens, les invito a que busquen en internet una imagen del escritor. Se encontrarán con unos ojos profundos y curiosos que reflejan una mirada inquieta y amable. Unos ojos que observaron directamente a la sociedad de una de las épocas más decisivas para la humanidad: los comienzos de la era de la revolución industrial. Y les aseguro que, si eras pobre en esa época, la vida daba mucho yuyu. Más o menos igual que ahora, pero sin móvil, sin videojuegos, sin podcast y sin el Netflix.
11:55 Charles Dickens nació el 7 de febrero de 1812 en Portsmouth, Inglaterra, y fue el segundo de ocho hijos. La infancia de Dickens fue difícil debido a las dificultades financieras de su familia. Se ve que su padre, John Dickens, era un poquito manirroto y garrapatero, y que tenía poco talento para gestionar la economía de la familia. Eso provocaba que poco a poco las pertenencias, el mobiliario y los libros de la extensa biblioteca familiar acabasen en la casa de empeños. En las peladas estanterías de la casa de los Dickens solo quedaron cuatro o cinco tomos, pero estos eran los más exquisitos. Entre ellos figuraba Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. […] Charles no pisó la escuela hasta los nueve años. […] En 1824 su padre es encarcelado debido a la gran cantidad de deudas contraídas a lo largo de los años, así que Charles tuvo que abandonar la escuela y empezar a trabajar en una fábrica de betunes para ayudar a mantener a su familia. Al parecer, uno de los peores trabajos que se podían desempeñar en aquella época. Junto a otros muchos niños sufrió unas condiciones laborales casi de presidio y esclavitud. Esta experiencia fue crucial para la formación humana de Charles Dickens. […] La abuela paterna de Charles Dickens murió, dejando una herencia que sirvió para saldar las deudas con los acreedores. Así que el señor John Dickens pagó lo que debía y fue liberado de la cárcel. Aunque la suerte de la familia dio un giro, sus padres dejan que Charles Dickens siga siendo explotado en la fábrica de betunes. Y a pesar de que el niño les ruega que le saquen de allí y le permitan ir a la escuela, ellos le mantienen en esta situación unos cuantos años más. Esa es una decisión que Charles jamás comprenderá y que influirá profundamente en la psique del escritor. Ya saben ustedes el drama que acarrean ese tipo de personas que toman por costumbre vivir de sus padres hasta que pueden vivir de sus hijos. No me dirán que ese tipo de gente no resulta muy terrorífica. Vale, volvamos al tema, que me enrollo como una persiana.
17:12 Total, que el bueno de Charles permaneció en estas duras condiciones hasta que en 1827 la familia Dickens se muda a Londres. […] Con tan solo 15 años consigue un trabajo como secretario pasante en un bufete de abogados. […] En 1833 Dickens comienza a trabajar como periodista y escritor. […] En 1836 publica su primera novela, Los papeles póstumos del Club Pickwick, que se convirtió en un gran éxito desde el primer momento y lo catapultó a la fama. […] En ese mismo año, 1836, Dickens contrae matrimonio con Catherine Hogarth, la hija del editor del periódico donde trabajaba en aquel momento. Juntos tuvieron la friolera de diez hijos. Sí, sí, diez hijos. Aunque su matrimonio no fue del todo feliz. Claro que con diez hijos, sobre todo, no sería feliz para ella. Porque además se ve que el bueno de Charles Dickens no lo era tanto, y era un poquito picaflor, y la vida marital estaba salpicada por numerosas infidelidades por parte del autor. Y no es que la señora aguantase poco: no fue hasta 1858, después de 22 años de matrimonio, que Dickens se separó de Catherine y comenzó una relación con la actriz Ellen Ternan. La separación fue un escándalo en la época victoriana y afectó fuertemente la imagen del escritor, el cual había cultivado una imagen pública de hombre justo y respetable. A pesar de todo ese salseo problemático, durante este periodo continuó escribiendo y publicando obras que le brindaron una gran fama y reconocimiento. 20:27 En 1843 se publica Cuento de Navidad. Y aunque ya era famoso, ahí Charles Dickens lo petó muy fuerte. […] En 1869 Charles Dickens comienza a presentar síntomas de una enfermedad que lo aquejaría hasta su muerte. A pesar de ello, continuó trabajando y escribiendo hasta el final de sus días. Su última obra, El misterio de Edwin Drood, en 1870, quedó inconclusa debido a su repentina muerte en junio de ese año. […] Hoy, en Sólo el Penitente Pasará, rendimos homenaje a Charles Dickens con su relato El guardavías, con las voces de Joseba Bajo, Iñaki Tovar, Iñaki Larruskain y una servidora. Les deseamos, con la mano en el pecho, que ustedes lo pasen mal.
[…]Iñaki Tovar 45:27: Acabas de escuchar El guardavías, de Charles Dickens, protagonizado e interpretado por Joseba Bajo, con la colaboración, como trabajadores de la vía, de Ariadna Giménez y de mi tocayo Iñaki Larruskain. La voz del torturado guardavías y el montaje y la sonorización han corrido a cargo de este servidor que os habla, Iñaki Tovar. Bueno, no me digáis que el relato no te descoloca absolutamente el final. Y si sois como yo, nada más terminarlo vas a volver a leerlo. Yo me lo tuve que leer como tres o cuatro veces para pillar todos los detalles de este misterio fantasmagórico. Es más, es que no quiero ni desvelarte yo mis conclusiones, que además de mezclar premoniciones y multiversos pueden ser un poco disparatadas. Me encantaría saber, vosotros, penitentes, qué pensáis que sucede en este relato exactamente, cuál es vuestra interpretación de estos hechos luctuosos y descorazonadores.
Como os he prometido al principio, momento ahora para repasar los comentarios que nos dejasteis en el último episodio, el espeluznante relato «La ventana tapiada» [de Ambrose Bierce]. Al parecer hubo algunos problemas con la descarga del episodio y con la escucha, ajenos a Teatro Robótico de Misterio: parece que iVoox tuvo algún problema durante esas horas con la descarga de algunos programas. Pero muchas gracias a Roger, a Dávilo y a todos los que nos avisasteis de que había algún problemilla para escucharlo. Recordad, penitentes, que además de estar el podcast en iVoox, lo podéis encontrar siempre en teatroroboticodemisterio.com, y a su vez en Apple Podcasts, en Spotify, en Google Podcasts, en Amazon y en la madre del cordero. Estamos en todos lados, porque Teatro Robótico de Misterio es omnipresente. […] Nuestra querida Ayala decía: «muy de acuerdo con lo comentado sobre el autor y su obra. Bierce siempre parece tener un as bajo la manga y, cuando consideramos que el terror y el asombro no pueden ir a más, nos sorprende con una frase breve para dar un giro a la trama. Gracias Ariadna, Iñaki y Joseba, un trabajo magnífico». Pues oye, Ayala, muchísimas gracias a ti, como siempre, de verdad, por estar al otro lado.
48:51 Y os dejamos ya. No sé qué os habrá parecido el episodio de hoy, pero estamos deseando saberlo en los comentarios. […] Nos despedimos hasta el domingo que viene, momento en el cual vuelve Teatro Robótico de Misterio, en este caso para traeros «Enclave de Vult», una retrospectiva de todo lo que se vio en nuestra serie dramatizada de Vult, que vais a poder disfrutar en un formato nuevo por aquí: en formato videopodcast. Nos despedimos de todos vosotros, penitentes, hasta el siguiente episodio. Adiós.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «El guardavías» de Dickens?
De un señalero de ferrocarril que trabaja solo junto a la boca de un túnel y que ve, junto a la luz roja de señales, a un espectro que le avisa de desgracias: un accidente, la muerte de una joven en un tren y, por último, algo que aún no ha ocurrido. Un viajero que baja a visitarlo escucha su confesión e intenta ayudarlo.
¿Quién escribió «El guardavías» y cuándo se publicó?
Charles Dickens. Se publicó el 12 de diciembre de 1866 dentro de Mugby Junction, el número especial de Navidad de su revista All the Year Round, con el título No. 1 Branch Line: The Signal-Man.
¿Qué significa el final de «El guardavías»?
El guardavías muere atropellado por un tren al salir del túnel, y el maquinista que intentó avisarle gritó las mismas palabras y hizo el mismo gesto que el espectro: tapándose los ojos con un brazo y agitando el otro. Las apariciones eran la premonición de su propia muerte, y las palabras «¡Hola, el de abajo!» eran, además, las que usó el narrador al llegar. Por eso el guardavías miró al túnel en vez de al visitante la primera vez. Dickens deja abierto si el aviso lo paralizó, lo confundió o lo empujó a aceptar su destino.
¿Está «El guardavías» basado en un accidente real?
En parte. Dickens sobrevivió al descarrilamiento de Staplehurst el 9 de junio de 1865, en el que murieron diez personas, y escribió el cuento al año siguiente. El accidente en el túnel de la primera visión recuerda además al choque del túnel de Clayton de 1861, con 23 muertos, que la crítica señala como posible inspiración. Dickens murió el 9 de junio de 1870, cinco años exactos después de Staplehurst.
¿Dónde puedo escuchar «El guardavías» en audio y en español?
Aquí mismo, en el reproductor de arriba, y en iVoox o YouTube, dentro del podcast Sólo el Penitente Pasará. Es gratis, con biografía de Dickens incluida en los primeros 23 minutos.
Sigue escuchando
- La ventana tapiada, de Ambrose Bierce: el episodio anterior. Otro final que te obliga a releer, y otra culpa que no se cura con tablones.
- La mano: el episodio siguiente de Sólo el Penitente Pasará. Menos trenes, más extremidades.
- Las lágrimas del tren: si te ha quedado el gusanillo ferroviario, aquí hay más vías y más lágrimas.
- La última estación: nuestro especial de Halloween para quien todavía se atreva a comprar un billete.
Iñaki sigue esperando tu teoría sobre el final: ¿premonición, doble, multiverso o pobre hombre con muy mala suerte? Déjala en los comentarios, que los leemos en voz alta en el siguiente programa. Y si quieres que el teatro siga abierto y gratis, puedes invitarnos a un café o bajar por el sendero en zigzag hasta nuestro Telegram. Que ustedes lo pasen mal.





