El centinela, de Arthur C. Clarke: audiorrelato dramatizado | SPP 1×08

El centinela, de Arthur C. Clarke: audiorrelato dramatizado | SPP 1×08

El relato de Clarke que germinó en «2001: una odisea del espacio»: una pirámide de cristal en la Luna y una alarma que acabamos de activar. Ficha, final explicado y por qué nuestra selenóloga es mujer.

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El relato de Clarke que germinó en «2001: una odisea del espacio»: una pirámide de cristal en la Luna y una alarma que acabamos de activar. Ficha, final explicado y por qué nuestra selenóloga es mujer.

«El centinela» (The Sentinel, 1951) es el relato de Arthur C. Clarke que dio origen a «2001: una odisea del espacio»: una expedición lunar encuentra en el Mare Crisium una pirámide de cristal que alguien dejó allí antes de que hubiera vida en la Tierra, como una alarma. Lo dramatizamos en el episodio 8 de Sólo el Penitente Pasará con una licencia que dio que hablar: la selenóloga que narra es una mujer, en la voz de Ana Vega. Adaptación y sonido de Ariadna Giménez, biografía del autor por Borja Abad, y media hora de Luna en la que lo más terrorífico no es lo que se encuentra, sino lo que hacemos con ello. Pista: romperlo.

RelatoEl centinela (The Sentinel)
AutorArthur C. Clarke (1917 – 2008)
Publicación originalEscrito en 1948 para un concurso de la BBC (no ganó). Publicado en el número de primavera de 1951 de la revista 10 Story Fantasy con el título Sentinel of Eternity; recogido en Expedition to Earth (1953)
ProgramaSólo el Penitente Pasará · temporada 1, episodio 8 (SPP 1×08)
Estreno26 de febrero de 2023
NarraciónAna Vega (Wilson, la selenóloga), con la participación de Ariadna Giménez · Borja Abad narra la biografía del autor
Adaptación y sonidoAriadna Giménez
PresentaIñaki Tovar
Duración49 minutos (el relato empieza en el 9:31 y dura unos 31)
Escúchalo eniVoox · YouTube · aquí arriba

Versión en vídeo


Sinopsis sin destripes

Finales del verano de 1996, según lo imaginaba Clarke en 1948. Una expedición recorre por primera vez el Mare Crisium, el Mar de las Crisis, esa mancha oval que cualquiera puede ver en el borde derecho de la Luna llena. Tractores presurizados, trajes espaciales, salchichas para desayunar y una rutina de recoger minerales y plantar señales. Lo cuenta Wilson, la geóloga (selenóloga, para los pedantes) que dirige el grupo del sur.

Una mañana, mientras hace el desayuno, ve un destello metálico en lo alto de un promontorio, a cincuenta kilómetros. Por el telescopio distingue algo simétrico sobre una base demasiado plana. Sus compañeros le recuerdan que está probado que nunca hubo vida inteligente en la Luna. Ella decide subir de todos modos, aunque la montaña acabe llamándose «la locura de Wilson». Lo que encuentra arriba no es una roca. Y lo peor no es lo que es, sino de dónde viene y para qué está ahí.

Sobre Arthur C. Clarke

Clarke nació el 16 de diciembre de 1917 en Minehead, Somerset, y murió el 19 de marzo de 2008 en Colombo, Sri Lanka, el país al que se había mudado en 1956 para bucear. En medio: especialista en radar de la RAF durante la guerra, un artículo en Wireless World en 1945 proponiendo satélites en órbita geoestacionaria para las telecomunicaciones (hoy esa órbita se llama «órbita de Clarke»), un título en matemáticas y física por el King’s College de Londres y una carrera que lo puso en el podio de los «Tres Grandes» de la ciencia ficción junto a Asimov y Heinlein. El fin de la infancia (1953), Cita con Rama (1973) y, claro, 2001: una odisea del espacio (1968), cuyo guion coescribió con Stanley Kubrick. Lo nombraron sir en 1998. En el programa, Borja Abad repasa todo esto y algo más en la introducción (4:28), con un dato que explica el relato: Clarke fue un entusiasta de la búsqueda de inteligencia extraterrestre. «El centinela» es, básicamente, el momento en que esa búsqueda tiene éxito y a nadie le hace gracia.

Resumen completo y final explicado

⚠️ Destripe: aquí se cuenta el final y lo que significa. Si todavía no lo has escuchado, dale al play y vuelve luego. La pirámide no se va a mover.

Wilson y su asistente Garnett escalan el promontorio: en la Luna, con un sexto de gravedad, la montaña es asequible; el peligro es el exceso de confianza. Arriba hay una explanada de treinta metros, demasiado lisa para ser natural, y en el centro una estructura translúcida, burdamente piramidal, del doble de la altura de una persona, encajada en la roca como una gema. Primera reacción de Wilson: alegría. Hubo una civilización lunar y ella la ha descubierto, aunque sea con un millón de años de retraso. Calcula que los egipcios podrían haber levantado algo así y se pregunta si será un templo.

Entonces ve el detalle que le eriza la nuca: el polvo meteórico que lo cubre todo termina en seco en el borde de un círculo alrededor de la pirámide, como si un muro invisible la protegiera. Lanza una piedra y rebota en una superficie curva que no está ahí. No es un edificio: es una máquina que lleva eones protegiéndose sola, y sus fuerzas siguen funcionando. Y entonces cae la segunda ficha: en veinte años de exploración no se ha encontrado en la Luna más vida que unas plantas degeneradas. Ninguna civilización deja una sola prueba de su paso. Quienes la construyeron eran tan forasteros en la Luna como ella. Wilson estalla en una risa histérica porque le parece que la pirámide le habla: «Lo siento, pero yo tampoco soy de aquí».

El final. La narración salta veinte años. La humanidad ha tardado dos décadas en romper el escudo invisible y, como no entendía lo que había dentro, lo ha destruido a lo bruto, con energía atómica. Los fragmentos no significan nada: es tecnología más allá del horizonte humano. El polvo de la explanada permite datar la pirámide: empezó a acumularse antes de que hubiera vida en la Tierra, cuando el planeta tenía la mitad de su edad. Wilson intuye qué era: hace eones, una civilización de «los pueblos del alba», sola en un universo recién estrenado, exploró la galaxia buscando a alguien con quien hablar. Pasó por el sistema solar, vio en la Tierra la promesa de inteligencia futura y, como no iba a volver, dejó un centinela, uno de los millones que deben de estar esparcidos por mundos prometedores: un faro que emitía pacientemente la señal de que aún nadie lo había encontrado.

Por eso lo pusieron en la Luna y no en la Tierra. A sus creadores no les interesaba una especie que gatea por el barro, sino una que demuestre que puede sobrevivir a sí misma: salir de su cuna y dominar la energía atómica sin suicidarse en el intento. Al llegar hasta la pirámide y forzarla, hemos superado la prueba. La señal se ha apagado y quienes la escuchaban ya saben que estamos aquí. Quizá vengan a ayudar a una civilización en pañales. Pero deben de ser viejos, muy viejos, y los viejos a menudo son celosos de los jóvenes. Última línea, con una comparación que la propia Wilson reconoce como vulgar: hemos tirado de la alarma y solo nos queda esperar. No cree que la espera sea larga.

Claves del relato

  • La bellota de 2001. Cuando Kubrick y Clarke se pusieron a trabajar juntos, este relato fue el punto de partida: la pirámide de cristal se convirtió en el monolito negro y el Mare Crisium, en el cráter Tycho. El propio Clarke se cansó de que lo llamaran «la base» de la película: decía que «El centinela» era a 2001 lo que una bellota a un roble. Tenía razón, pero la bellota ya contiene la idea entera: alguien nos dejó un detector de madurez y acabamos de activarlo.
  • El terror cósmico sin monstruo. No hay alienígenas en escena, ni tentáculos, ni un solo disparo. El miedo lo pone la escala: una máquina más vieja que la vida terrestre, unos constructores que miden las civilizaciones en eones y una humanidad que, al no comprender, destruye. Lovecraft con bata de laboratorio.
  • La prueba de madurez es una trampa. Para llegar al centinela hay que dominar la energía atómica, y dominar la energía atómica es exactamente lo que puede acabar contigo antes de llegar. Clarke lo escribe en 1948, tres años después de Hiroshima. El relato es un test de supervivencia disfrazado de hallazgo arqueológico.
  • Una científica en la Luna de 1996. En el original, Wilson es un selenólogo veterano. En nuestra versión es una selenóloga, con la voz de Ana Vega, y el texto lo asume con naturalidad: «hay ocasiones en las que una científica no debe temer al ridículo», dice antes de escalar, y arriba saborea ser la primera mujer que pisa esa cima. Un oyente preguntó por la licencia y la explicamos en el siguiente programa (ver más abajo). Nada en la trama depende del sexo de quien narra, y eso dice mucho del relato.
  • Las salchichas. El gran descubrimiento de la historia humana se produce porque alguien mira por la ventana mientras se le quema el desayuno, y unas salchichas que han viajado casi 400.000 kilómetros acaban carbonizadas. Clarke sabía que lo sublime entra mejor con un chiste de cocina.

Lo que dijimos en el programa

Iñaki abre confesando que es de esos «semilicántropos» que casi aullarían bajo el hechizo de la Luna (1:48), y vende el relato como un viaje doble: a cómo imaginaba 1948 que podía haber sido la vida en la Luna y a la relación de la raza humana con otras razas del universo (2:22). Presenta al equipo del día: Borja Abad con la historia del autor y Ana Vega, «una de las maravillosas actrices de nuestro coro de voces penitentes» (3:04).

El comentario final es de los que se le van de las manos, para bien. Le parece inquietante lo de tirar de la alarma y esperar, y recuerda que ya lo hicimos de verdad con las sondas Voyager y su disco contando quiénes somos y dónde estamos. Trae a Carl Sagan y Stephen Hawking advirtiendo de que señalar tu posición al cosmos quizá no sea lo más inteligente (43:14). Confiesa que él mismo fue un entusiasta del SETI de andar por casa, de los que instalaban en el ordenador aquel programa para ceder su procesador a descifrar frecuencias del espacio, «siempre pensando optimistamente en que ese encuentro con una raza alienígena será más parecido a Contact que a Independence Day» (44:07). Y remata, ya cuarentón y cenizo, alineándose con Hawking: una raza que llegase aquí se comportaría con nosotros como nosotros con las Américas. «Ojo a quien llamamos la atención ahí fuera, porque no sabemos quién está escuchando» (44:54).

La licencia de la protagonista se explicó dos semanas después, en la lectura de comentarios de «La ventana tapiada»: Ariadna, la directora artística, no tenía voces masculinas disponibles, contó con una compañera y el cambio le pareció fácil de insertar, apropiado y hasta mejor, porque acercaba el relato «un poquito más a nuestros tiempos». Y se prometieron más relatos de Clarke.

Lo que dicen los penitentes

Seis comentarios del público, cuatro en iVoox y dos en YouTube (Spotify, mudo), para un episodio que supera las 8.600 escuchas. El tono es de clarkiano agradecido: dos oyentes lo tienen por su autor favorito de ciencia ficción y piden más, y el cambio de selenólogo a selenóloga se llevó la conversación, con una ceja levantada y un aplauso. En las plataformas no respondimos por escrito; lo hicimos de viva voz en el siguiente episodio, que para eso está el micro.

«Supongo que dramatizar un relato permite ciertas licencias, cómo cambiar un selenologo por una selenologa.»

Juan · iVoox

«La introducción al relato, la dramatización y el cambio de protagonistas fue sencillamente… perfecto, el relato de lo más inquietante y atemporal.»

ayala · iVoox

«Uno de mis autores de ciencia ficción favoritos, uno de sus grandes relatos, y una excelente narración: noche perfecta.»

pedromh · iVoox

«Acabo de conocer el canal y estoy flipando con vuestro contenido. […] Saludos desde Asturias»

@beatrizrubiomoreno2796 · YouTube

Transcripción de la introducción y del comentario

Leer la transcripción: introducción, biografía de Clarke y comentario final

Iñaki Tovar 1:24: Ya sabes que nuestro lema es que sonorizamos tu imaginación, y de imaginación va la cosa hoy, de imaginación de la buena. Os traemos un relato de ciencia ficción que es prácticamente un hito en el género, y es que, claro, viene de la mano de uno de los grandes autores. ¿Cuántas veces te has quedado embobado mirando a la Luna, dejándote embaucar por la vibración de su luminiscencia? Yo por lo menos soy de estos semilicántropos que casi aullaría bajo su hechizo y su encanto. Y sin embargo esconde, o sigue escondiendo, tantos secretos la Luna, ¿verdad? Tantas facetas oscuras, tantos cañones y mares ancestrales en los que se pueden esconder secretos fascinantes. Hoy te proponemos un viaje en el que vas a usar mucho tu imaginación, como siempre, y en el que también vas a descubrir cómo funcionaba la imaginación de una época, en concreto de 1948, que es cuando fue escrito este relato, y cómo imaginaban ellos que podía haber sido o haberse desarrollado la vida y la evolución en la Luna. Partiendo de un viaje de descubrimiento científico, también vamos a vernos inmersos en un viaje de descubrimiento de la propia raza humana y su relación con otras razas del universo. Pero no te quiero spoilear más. Te voy a dejar en muy buenas manos, porque hoy en el equipo tenemos a muchos colaboradores, empezando por Borja Abad, que va a ser el encargado de narraros la historia de este autor, Arthur C. Clarke, nada menos que esa mente preclara detrás de una de las grandes joyas de la ciencia ficción de todos los tiempos, 2001: una odisea del espacio. Y también vamos a contar con Ana Vega, una de las maravillosas actrices de nuestro coro de voces penitentes, que lo da todo para sumergirte en este relato adaptado y sonorizado por Ariadna Giménez. Te invito a que conozcas a «El centinela».

Borja Abad 4:28: Arthur C. Clarke fue un escritor británico de ciencia ficción futurista, considerado como una de las figuras más influyentes del género. Nació el 16 de diciembre de 1917 en Minehead, Somerset, Inglaterra, y falleció el 19 de marzo de 2008 en Colombo, en Sri Lanka. Clarke se educó en el prestigioso King’s College de Londres, donde estudió matemáticas y física. Después de graduarse trabajó como especialista en radares en la Royal Air Force durante la Segunda Guerra Mundial. Fue allí donde se gestó su interés por los viajes espaciales. […] Los primeros trabajos de Clarke, como Childhood’s End, de 1953, y The City and the Stars, de 1956, exploraron temas de avance tecnológico, evolución humana y la posibilidad del contacto con vida extraterrestre. Es en 1968 cuando escribió 2001: una odisea del espacio, una novela que luego fue adaptada a una película que marcaría la historia del cine para siempre. […] Fue un defensor de la búsqueda científica de inteligencia extraterrestre, que se conoce como SETI. […] También propuso la idea de utilizar satélites geoestacionarios para las telecomunicaciones, que desde entonces se ha convertido en una realidad. No acaba la cosa, porque Clarke fue nombrado caballero por la reina Isabel II en 1998 por sus contribuciones a la literatura y la ciencia. […] Rendimos homenaje a Arthur C. Clarke con una de las obras más destacadas del autor, publicada en 1951 y aclamada mundialmente por su forma de explorar temas tan sugerentes como la vida extraterrestre o la inteligencia artificial, y que además sirvió de inspiración y punto de partida para el guion de la película 2001: una odisea del espacio, que Clarke coescribió junto con Stanley Kubrick. Con la narración de Ana Vega y la sonorización de Ariadna Giménez. Hoy, en Sólo el Penitente Pasará, «El centinela», un relato de Arthur C. Clarke.

[…]

Iñaki Tovar 42:14: Acabas de escuchar «El centinela», de Arthur C. Clarke, protagonizado por Ana Vega, con la participación de Ariadna Giménez. Colaborando con la narración de la introducción, Borja Abad. Un relato adaptado y sonorizado por Ariadna Giménez. […] Bastante inquietante. Hemos tirado de una alarma y ya solo nos queda esperar a ver quién acude. ¿Y es que acaso no hicimos ya eso cuando mandamos la primera sonda Voyager al espacio, con ese disco en su interior contando todo acerca de cómo somos los seres humanos y dónde estamos? ¿Acaso no fueron el mismísimo Stephen Hawking y, antes que él, Carl Sagan los que sugirieron que, ojo, a quién llamamos la atención con ciertos mensajes, que quizás no sería lo más inteligente señalar exactamente cuál es tu posición y explicar quién eres? Como ya habéis descubierto gracias a esa fantástica introducción que ha narrado Borja Abad, Arthur C. Clarke era un auténtico converso y un entusiasta de esa búsqueda de la inteligencia extraterrestre fuera de nuestro planeta. Yo mismo he sido un entusiasta: no sé si algunos de vosotros, los más cuarentones, habéis llegado a utilizar esos programas que te instalabas en el ordenador para ayudar con tu propio poder de procesamiento, humildemente, cada uno desde su casa, a descifrar algoritmos y mensajes y frecuencias provenientes del espacio exterior. Siempre pensando optimistamente en que ese encuentro con una raza alienígena será más parecido a Contact que a Independence Day. Lo que pasa es que, no sé si la edad me hace volverme más cenizo o más precavido, ahora estoy más alineado con lo que decía Stephen Hawking: que el comportamiento de una raza alienígena que viniese aquí sería más bien similar al nuestro como colonos de las Américas, como si fuésemos nosotros una raza inferior y vienen a conquistar y a tomar. Y eso en el mejor de los casos. Así que ojo, ojo a quién llamamos la atención ahí fuera, porque no sabemos quién está escuchando.

Bueno, y paso ya a agradeceros y a destacaros algunos comentarios de los que dejasteis en la última dramatización, con el fantástico Iñaki Larruskain. ¿Os acordáis de «La noche» de Guy de Maupassant? […] Y nada más, penitentes. Solo me queda daros las gracias por llegar aquí, por llegar hasta el final, por estar al otro lado. Os recuerdo que la semana que viene, en Teatro Robótico de Misterio, estrenamos el final apoteósico de Vult, una historia heavy metal. Y mientras tanto, búscanos, contáctanos y apóyanos. Nos escuchamos en el siguiente programa. Adiós.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «El centinela» de Arthur C. Clarke?

De una expedición lunar de 1996 (imaginada en 1948) que descubre en el Mare Crisium una pirámide de cristal protegida por un escudo invisible. Fue colocada allí hace miles de millones de años por una civilización extraterrestre, como un faro que avisaría de que la humanidad había madurado lo bastante para llegar a la Luna.

¿Qué relación tiene «El centinela» con «2001: una odisea del espacio»?

Fue el punto de partida del guion que Clarke y Stanley Kubrick escribieron para la película de 1968: la pirámide de cristal se convirtió en el monolito negro y el hallazgo se trasladó del Mare Crisium al cráter Tycho. Clarke insistía en que el relato era a la película lo que una bellota a un roble.

¿Qué significa el final de «El centinela»?

Que la pirámide era una alarma. Al destruirla con energía atómica para abrirla, la humanidad apaga la señal que llevaba eones emitiendo y avisa a sus creadores de que hemos salido de la cuna. La narradora concluye que acudirán, quizá a ayudar, quizá no, porque son muy viejos y los viejos recelan de los jóvenes. Solo queda esperar, y no mucho.

¿Cuándo se publicó «El centinela»?

Clarke lo escribió en 1948 para un concurso de la BBC y no ganó. Se publicó en 1951 en el único número de la revista 10 Story Fantasy, como Sentinel of Eternity, y en 1953 entró en la antología Expedition to Earth ya con su título definitivo.

¿Por qué en esta versión la protagonista es una mujer?

En el relato original el selenólogo Wilson es un hombre. Para la adaptación, Ariadna Giménez no disponía de voces masculinas y contó con la actriz Ana Vega; el cambio encajaba sin tocar la trama y acercaba la historia a nuestro tiempo. Lo explicamos en la lectura de comentarios del episodio siguiente.

¿Dónde puedo escuchar «El centinela» en audio?

Aquí mismo, en el reproductor de arriba, y en iVoox o YouTube, dentro del podcast Sólo el Penitente Pasará. Es gratis. El relato empieza en el minuto 9:31.

Sigue escuchando

  • La última pregunta, de Isaac Asimov: el otro de los Tres Grandes y la otra gran respuesta cósmica. Esta sí llega, pero tarde.
  • Los que se alejan de Omelas, de Ursula K. Le Guin: ciencia ficción que te deja igual de incómodo, sin salir del planeta.
  • La noche, de Guy de Maupassant: el episodio anterior, con Iñaki Larruskain perdido en un París donde no amanece.
  • La ventana tapiada, de Ambrose Bierce: el episodio siguiente, donde además leímos y respondimos vuestros comentarios sobre «El centinela».

¿Tú habrías abierto la pirámide? Cuéntanoslo en los comentarios: los leemos en voz alta en el siguiente programa, y si preguntas por la selenóloga, te contestamos otra vez. Y si quieres que el teatro siga abierto y gratis, puedes invitarnos a un café o asomarte a nuestro Telegram. Sonorizamos tu imaginación; la alarma la tiráis vosotros.

Tienta a los demás
Presentado por
Iñaki Tovar

Iñaki Tovar dirige el marketing y la comunicación de Teatro Robótico de Misterio y es creador, director y presentador de los podcasts 7 Pecados Digitales y Sólo el Penitente Pasará. Monta y sonoriza buena parte de los audiorrelatos de la casa, firma la dirección visual y el arte generativo de El Vacío (donde además pone voz a Nímet Ruhr) y confiesa haber descubierto más de un clásico del terror de madrugada, en «Historias» de Radio Nacional.

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